20 January 2008

El buen pastor


"Impresionado por la novedad, como todo aquel que ha nacido y se ha criado en la ciudad, me tocó una vez observar a un grupo de ovejas que eran guiadas adonde había mejores pastos. Avanzaba el rebaño y en medio de él iba el pastor. Algunas ovejas lo seguían más de cerca, otras se demoraban más y otras, a medida que el rebaño avanzaba, se iban quedando atrás. Me impresionó mucho cómo el pastor iba al centro, atento a todas ellas, incluso diría que le preocupaban las que se iban quedando por el camino. Entonces bastaba una mirada a los perritos que lo acompañaban para que ellos entendieran de inmediato el mensaje y, acercándose a las ovejas dispersas, las acompañaban al rebaño. No se quedaban tranquilos hasta que ninguna quedara atrás.

Esos ayudantes del pastor me hicieron pensar en mi vocación. Como sacerdote, cuántas cosas le toca a uno oír en un día. Es como quien día a día se sumerge en una estación del metro y recorre por dentro la ciudad hasta que vuelve a aflorar a la superficie, al ajetreo de lo cotidiano. Así también uno se sumerge en la vida de una persona haciendo un viaje al corazón humano, palpando todas sus miserias y grandezas.

La vida no es fácil para nadie y la gente hace esfuerzos heroicos por ser feliz, por alcanzar el ideal. Pero la vida no siempre coincide con los principios, y con humildad se debe aceptar diariamente nuestra frágil humanidad y dar el próximo paso posible que nos acerque al ideal.

En mis años de sacerdote nunca me ha tocado alguien que en la intimidad de la conversación pida que la Iglesia cambie la doctrina que busca aterrizar el evangelio. Más bien, la gente nos pide que seamos más humanos, que enseñemos la doctrina en un lenguaje entendible, que los acompañemos en sus fragilidades que, por lo demás, no son distintas a las nuestras. No basta con enseñar el ideal, hay que acompañar a acercarse a él a partir de la propia realidad. Jesús se presentó como el Buen Pastor y nos dejó como modelo pastoral esa imagen. A veces se percibe al pastor como el que cuida la doctrina y no tanto como el que cuida al rebaño y que, para eso, se apoya en la doctrina que concretiza el mensaje evangélico. Esto es lo que me llamó la atención en ese grupo de ovejas que observaba, que en ellas el pastor que las guiaba no iba solo adelante, como siempre me imaginé, sino que iba en medio del rebaño. Y más me llamó la atención que él era ayudado en su tarea por esos perritos, que se encargaban de ir a los grupos dispersos de ovejas. Estos fieles ayudantes no dejaban que ninguna quedara atrás del camino, ya sea porque era más lenta en comer el pasto, por dificultades al caminar, porque estaba herida o, simplemente, porque estaba cansada. Entendí más que nunca la imagen del pastor en la cual insiste Jesús. El pastor es quien camina junto al rebaño y acompaña en el caminar. No sólo sabe a dónde conducir al rebaño, sino que también no le da lo mismo que alguna oveja no entienda la ruta o no sea capaz de ir al paso exigido.

El pastor se preocupa de ir al paso del más lento y tiene sus ayudantes no sólo para preocuparse de que el rebaño vaya en la dirección requerida, sino para que se preocupen especialmente por quienes van tomando otros caminos, no por mala voluntad, sino porque las circunstancias de la vida los van separando.

El objetivo no es que lleguen sólo los que pueden llegar, sino que lleguemos todos, que nadie quede fuera ni menos no se sienta acogido. Vivir esto como sacerdote, no es debilidad ni relativismo como algunos piensan, es seguir el mandato del Buen Pastor que nos dice que si es necesario hay que dejar a las 99 ovejas que ya están en camino e ingeniárselas para ir a buscar a quienes el camino de la vida se les ha hecho cuesta arriba y ya no pueden seguir la huella".
Felipe Berríos Sepúlveda, sacerdote jesuita y autor de este artículo, se formó en el
Colegio San Ignacio El Bosque. Realizó estudios superiores de Construcción Civil en la Pontificia U. Católica de Chile. Actualmente se desempeña como Director del Instituto de Formación y Capacitación Popular (INFOCAP, también conocido como "Universidad del Trabajador" y del Programa "Un Techo para Chile", una iniciativa para combatir el problema de la gente sin hogar.

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