23 June 2005

La Hora Cero

Porque no podía estar ausente en 'Antes de Partir', he aquí el contenido íntegro del primer post que escribí en mi vida y que publiqué en mi primer Blog, que llamé 'Hora Cero'.

"Siempre es agradable volver a ver a un amigo, más cuando él es doblemente apreciado por ser uno de los dos amigos entrañables que conocí en la Universidad y porque al igual que yo, tiene una valiosa faceta oculta (tanto como el lado oscuro de la Luna) que sólo unos pocos (por desgracia) tienen oportunidad de descubrir.

Ayer era el cumpleaños de "Montero y la zurda", me alcanzaba en edad y con ello (me imagino) comenzaba su viaje al principio de la vida, con 25 años de experiencia acumulada. Han pasado, desde que lo conozco, 7 años. El paso del tiempo nos enseñó a perder el hábito de caminar doquiera estuviéramos, hacia la calle San Martín transitando por ella hasta dar con la lúgubre fábrica de sidra que sirvió de escenario para dar vida a los actos que acabaron por catapultarnos hacia el cultivo de una amistad fuerte, caracterizada por una cada vez más fina valoración del otro; respeto que se traduce en tolerancia política, religiosa y filosófica; afectos que se ven reflejados en el conocimiento mutuo de nuestros seres más queridos; y unidad que nos permite darnos el lujo de dejar de vernos y hablarnos por meses, sin que ello deteriore, lesione o dañe en lo más mínimo nuestra relación prácticamente filial.

Mi modesto, pequeño, extremadamente austero obsequio para mi gran amigo fue lo que ayer vivió, el nacimiento de la hora cero, el instante de encuentro espiritual en el cual, al compás del ir y venir de copas de sidra, de cerveza, dos personas (en este caso amigos) se encuentran o reencuentran, dialogan, ríen o se enternecen con sus propias realidades e ideales, entrelazando (o al menos cruzando) lo racional con lo espiritual, el pasado con el futuro, el temor con el amor, el hambre con la sed.

Puede ser una buena idea, acoger este concepto de hora cero en nuestras vidas y así fomentar la práctica del mismo, con nuestros abuelos, padres, hermanas/os, sobrinas/os, primas/os, amigas/os y en general, con todas las personas, pues por todas/os podemos llegar a sentir aprecio, más allá de sus ideas políticas, religiosas, filosóficas, o de cualquier otro "desorden" de cosas que tantos se esmeran en "ordenar". Cuanto más horas ceros podamos vivir, menos penumbras y rostros indiferentes verán nuestros ojos, cada vez más luz, más alegría, vitalidad y entrega experimentará nuestra racionalidad y nuestro espíritu.

Al concluir la Hora Cero aquellas almas comunicadas se unen en un abrazo, caminan y cantan por el camino común que transitan antes de separarse, soportando la lluvia, el viento, la niebla o cualquier inclemencia, con alegría. Tal como anoche, después de brindar por el cuarto de siglo, con Montero cantamos en perfecto francés la Marsellesa al pasar por los jardines del Colegio Alemán, antes de llegar a mi hogar y en él compartir el pan y despedir nuestra hora cero, esperando revivirla en un futuro no muy lejano".

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